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Ssshhhh...

susurros

estupefacta

estupefacta

Conseguiste lo que aún no había conseguido el invierno de la ciudad, dejarme helada. Mis pasos se detuvieron por pura estupefacción, y me invadió el peso de un por qué gigante que callé porque lo único que deseaba era escupírtelo a la cara.

Esta vez sí fuiste explícito, por lo que se me negó la tentadora posibilidad de interpretarte a mi antojo. Si no fuera porque no tengo intención de limitarte en las pocas ocasiones que tienes la vocación de enseñarme tu corazón, te indicaría que a veces es mejor quedarse callado. Doler por amor al arte debería estar prohibido.

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respira

respira

Cuando lo que más anhelas y lo que menos quieres van en el mismo barco, tienes un problema.

me acariciaste el alma

me acariciaste el alma

Se escurrieron tus palabras y se dejaron atrapar por mis sentidos. Por fin me diste lo único que alguna vez te he pedido, el respiro a mi corazón.

Igual no lo sabes, pero me acariciaste el alma. Abrazaste a la parte de mí que se sentía abandonada sin estarlo, y le diste la calma y el sentido que necesitaba.

Me regalaste el punto de inflexión sobre el que descansaré tranquila.

lo que nunca te he dicho...

Si un día te dijera todo lo que me he callado, fácilmente mirarías con ternura mis silencios, mis ambigüedades, mis incongruencias. Conocerías lo que soy bajo esta coraza que a veces se interpone entre nosotros y aunque seguramente continuarías queriéndome igual, me odiarías un poco menos.

Te sorprendería lo que te echo en falta cuando no estás, el miedo que tengo de perderte, lo mucho que te anhelo. Confirmarías que me ha apetecido enredarme en tu cuerpo como una salvaje y descubrirías además, que he deseado convertirte en el ombligo de mis ternuras e ir descubriendo poco a poco el color que tienen tus ojos detrás de tus murallas.

Se haría claro lo evidente, que me has dolido, que te he adorado, que nunca he conseguido entenderte, y que si alguna vez me has visto marchar ha sido porque quería estar más cerca.

corría...

Aún no había salido el sol y corría. Lo hacía con determinación, inconsciente de si escapaba o regresaba, con la máxima de no permanecer quieta un segundo más.

Pensé en el suelo resbaladizo, en que debería ir más lenta, en el maldito color de tus pestañas.

Caí y me asusté. Me horrorizó un chasquido, aunque peor fue sentir que me costaba respirar, saber que hoy se había roto algo más. Yo misma. Y lloré por todo, con intensidad, exorcizando cada sueño que construiste para mí.

Se confundieron mis lágrimas, la lluvia y el recuerdo difuso por la ansiedad de tus palabras calladas. Me permití el lujo de sacar toda la mierda. No te imaginas lo bien que me sentó hacerlo.

 

me voy de tu lado...

me voy de tu lado...

me voy

me estoy rindiendo...

Si no me has perdido ya, poco te queda para conseguirlo. Volver a ti cada vez va resultando menos atractivo y más agotador. Todo tiene un límite y tú ahora rozas el mío, aunque seguramente no seas consciente de ello.

Lloro, por fin, y lo tomo como un buen síntoma: me estoy rindiendo. Siento que el combate acabará pronto. Por eso voy a regalarte las batallas que nos quedan y la guerra entera. Entenderé cuando, llegado el momento, te sepa agria la victoria porque me pierdes, pero no se puede ganar todo.

Cojo las riendas con infinita tristeza, me rindo definitivamente. Tomar esta determinación no me resulta fácil, me doy cuenta de que para pasar página también se tiene que ser valiente y estoy segura de que merecerá la pena aprender a serlo.

atrapados...

atrapados...

El tiempo a tu lado no pasa, queda atrapado.

Como si entráramos en un bucle infinito, ambos vivimos lo que ya nos recorrió las venas una y otra vez mientras somos incapaces de escapar de este espacio que no nos lleva a ningún sitio. Las mismas palabras nos acompañan, las mismas ganas de comernos la boca, la misma falta de iniciativa. Este "Día de la Marmota" eterno me desgasta y me aleja de tus labios que soñé mil veces.

En ocasiones me invade un arrebato y deseo tomar carrerilla, abrir tu jaula, arriesgarme contigo, pero sola no romperé nuestra espiral y no me incitarás a saltar vayas de seguridad ¿Cuántas veces más seremos capaces de perdernos? 

cerrando puertas, abriendo ventanas...

cerrando puertas, abriendo ventanas...

cerrando puertas, abriendo ventanas...

renovando el aire y las ilusiones

hasta pronto...

hasta pronto...

Estoy cansada, agotada te diría. Sencillamente, no puedo más. Me urge recomponerme, cuidarme, devolverme mi equilibrio ahora maltrecho y respirar... Y quererme, para poder quererte cuando llegue el momento, porque te prometo que así no puedo hacerlo. Y deseo estar bien, recuperar mi alegría y enterrar lo que sea que me ha hecho tocar suelo, y que más de una vez ha estallado contra ti.

Me he perdido como creo que nunca lo había hecho. Se despertaron todos los miedos, la ansiedad se hizo bandera y reinó el caos. Mis fantasmas despertaron a los tuyos y fuimos multitud. En pleno desorden fingí normalidad pero no convencí a nadie.

Pausadamente recojo los trozos de mí que he descuidado en estos últimos tiempos. He decidido detenerme, sentarme en el banquillo, dejar que todo siga un tiempo sin mí mientras hago de espectadora de mis propias relaciones. A veces hay que mirar adentro, recomponer lo que sin saber cómo ha alcanzado un nivel de deterioro por debajo de un umbral mínimo y trabajar para mí, con mimo y esmero, haciendo acopio de todo el amor que puedo darme.

Ahora sé que me perdí porque necesitaba encontrarme. Prometo que regresaré, siento que desearé volver a ti tarde o temprano, aunque a veces mi cabeza se oponga.

No sé si estarás a mi regreso, pero tengo la esperanza de reencontrarte a mi vuelta.

al más dulce...

al más dulce...

No hay nada más dulce que tú en mi universo. Nada.

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m2.8

m2.8

Tienes la piel estropeada, los pensamientos en las nubes y la risa contagiosa.

Experta en mis recovecos, tenerte cerca me da ganas de comerme el mundo, cumplir sueños y subir montañas. Lo sabes y me catapultas, me conviertes en un sueño venusiano, la mejor versión de mí misma.

Ayer mirando al cielo, huyendo de prismáticos y desbordando carcajadas, supe lo que mil veces ya supe antes, que eres un regalo en mi vida.

tu ausencia...

ausencia

Ha sido de golpe, como un piano saltando por un balcón y precipitándose al vacío, así me ha invadido tu ausencia.

En nuestro tiempo pasado sentirte tan cerca y a la vez tan lejos me sumió en un mar de dudas. Es complicado mantener el equilibrio si no sabes donde pisas.

Forcé interrumpir el fluir de nuestros días dando forma de palabras a mi incertidumbre, fue una cuestión de supervivencia. Cada interrogante se enredaba en mi cuello provocándome hipoxia y confusión suprema, por eso me vi obligada a llevarte al abismo y comprobar si se desplegaban tus alas, pero ahí no había nada.

Hoy me ahogo en esta confusión. Con una sonrisa busco lo que quiero volver a sentir, que dista mucho de lo que estoy sintiendo. Y es que te echo en falta globalmente. Nuestras rutinas se han reducido a ausencias, tu tiempo ahora ya no está pendiente del mío. Cada poro de mi piel te echa de menos y me recuerda lo que nunca tuve. Las risas son silencios en nuestras calles, no hay deseo en los rincones. Sigilosos, los centímetros de mi cuerpo se replegan rindiéndose a la evidencia y me enredo en mi cama donde una vez tuve el espejismo de sentirte cerca.

aquí estuve antes...

aquí estuve antes...

Estoy cansada del jodido punto con periódico retorno, del maldito déjà vie y de esta desidia que tardaré a lo sumo dos semanas en tirar escaleras abajo.

Aburrida, también. Lo que provoca que mi puntito de mala leche habitualmente distraído por mis vorágines varias, esté buscando un poco de carnaza.

Pienso sacar mi rabia a pasear hasta que me canse, comerme las entrañas los días impares y escupir cada vez que se levante el telón y empiece el mismo rollo de siempre.

No, no soy la princesita de la torre del castillo, lo digo por si alguna vez lo pensaste. Y no, tampoco me gustan los príncipes azules ni los trovadores a quienes tengo una especial alergia.

te odio..

Fíjate en lo que estoy diciendo, te odio. Así, sin más, por todo. Por cada fisura que has creado, por cada vez que dibujaste un charco en mis ojos, por siempre y por sólo cinco minutos, pues no podré dilatar más este sentimiento, y volveré a reconocer que no, que no te odio pese a que me sobren los motivos, me falte la esperanza y se me acumulen tus caricias en el rincón donde guardo las cosas a olvidar.Te quise, ¿lo supiste? Qué tristeza de amor aquel que me diezmaba y me perdía con cada latido. Soy estúpida hasta para eso, después de tanto tiempo sin querer, tuvo que ser contigo, como si no hubiera en el mundo mejores corazones…

Susurro, hoy obligada. Odio los batacazos que me das sin ser consciente y con mi permiso.

 

posesiones en domingo...

Tengo en la cabeza la pesadez de los domingos
y en el estómago la resaca del sábado.
Tengo en el corazón el temblor del momento 
y en los pies la incertidumbre de cada día.

Tengo, una valla por saltar, un castillo de arena y una ilusión miope.

cuando una historia se termina...

lilya corneli

Imatge: "Smell of you" Lilya Corneli

tengo ganas...

Tengo ganas de hacer el amor contigo, de cruzarme con esa mirada traviesa que me acaricia cuando te quitas las gafas. Tengo ganas de que me atrapes como sólo tú sabes hacerlo, de devorarte mil y una noches seguidas, de deshacemos en una lucha declarada. Tengo ganas de ganarte en esta guerra, aunque pierda todas las batallas. Tengo ganas de ti, de tu boca, de tus gestos de Al Pacino. Tengo ganas de tu risa, de tus conversaciones pausadas y de cada una de tus caricias.

Sobre todo… sobre todo tengo ganas de abrazarte, de quedarme quieta mientras me rodeas y de parar los relojes.

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no sé quién está más gris...

No sé quién está más gris, la mañana o yo.

Me levanté con una visión cansada, arrastrando los pies. El espejo me devolvió una imagen poco definida de quién soy y ni siquiera tuve ganas de increparle. Desayunando sentada en la cocina divagué y divagué, mientras miraba las baldosas y no escuchaba la radio que sonaba insistentemente. Pensé, “otra vez”, intenté poner orden a una tarde imposible y planeé una excusa que no usaré a las cuatro.

Apenas oigo voces a lo lejos y no sé si añoro un susurro –no, no lo añoro-. Ni siquiera resuenan gritos ahogados porque para eso hace falta la energía que hoy se me escurre regazo abajo.

… sí, quizá sí lo añoro.

clases de tango...

clases de tango...

A veces se pasean, provocadores, y yo los miro con un desinterés poco habitual en mí. Me guiñan un ojo mientras se enredan en mi pelo sabiendo lo débil que siempre he sido ante su seducción. En el aire planean caricaturescos, más que nunca, y me doy cuenta de que he mudado de ventana y desde aquí entra mejor la luz. Ellos sonríen seguros de su poder sobre mí y yo que ando sumergida en una sonrisa, he perdido las ganas de seguirles.

Pese a todo, a veces envenenan sus cantos de sirena y me llegan voces que marcan distancias, hablan de imposibles y pintan desilusiones. Contra su veneno, mi indiferencia hacia ellos. Intento explicarles que prefiero aprender a bailar tango, que ni siquiera lamentaré ser pisada o que en un giro acabe por el suelo. Pretendo hacerles entender que su arritmia ya no me interesa.

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